
La masacre ha vuelto a la mente de los colombianos por el esfuerzo hecho por diferentes medios de comunicación, entre los que más suena Semana, La W radio, Caracol Televisión y otros, que por medio de manillas intentan que la gente tenga en la memoria la matanza durante 5 días de cerca de 100 ciudadanos de este corregimiento, por bandas de 450.
Los hechos, a pesar de que son trágicos hay que recordarlos, ya que el que olvida su historia esta condenado a repetirla, y nosotros los colombianos hemos sufrido muchas matanzas que de muchas formas se habían podido detener si fueran parte de la memoria colectiva, que tiende a olvidar muy rápido, en un país con una historia tan sangrienta. El 15 de febrero llegaron a el pueblo de El Salado, 450 paramilitares del bloque norte de las AUC al mando de Carlos Castaño, Salvatore Mancuso y “Jorge 40”. Desde que los paramilitares llegaron a la zona empezaron a matar campesinos, en la carretera que une varias veredas de los montes de María matando campesinos, lo cual puso en alerta a ciudadanos de El Salado. Los tres escuadrones que se encontraron en el camino iban matando con el argumento de estar atacando a las guerrillas civiles que estaban en este corregimiento.
Tras la alarma en la población, los habitantes corrieron a esconderse en sus casas, pero el helicóptero que estaba acompañando empezó a atacar la calle de principal. Uno de los grupos hizo la “encerrona” mientras que los otros dos, iban de puerta en puerta sacando a todos los habitantes hacia el parque principal. En este los separaron en 3 grupos, los de las mujeres, los hombres y los niños. Las mujeres fueron obligadas a cocinarles a los paramilitares mientras estaban en el corregimiento. A parte, de que vieron como mataban a sus esposos, hijos y vecinos tuvieron que alimentarlos, lo cual explica muchos de los traumas de los sobrevivientes.
Después del primer muerto, quien fue asesinado al frente de todo el pueblo con una bolsa de plástico en la cabeza, los paramilitares sacaron los instrumentos de la Casa de la Cultura, cuentan los relatos que a medida que iban haciendo música iban asesinando. También saquearon varias tiendas y donde habían equipos de sonidos los iban prendiendo. Los hombres fueron obligados a enumerarse y quien tuviera el número dicho por algún paramilitar lo mataban, sacándoles los sesos y mostrándoselos a todo el mundo. Con las mujeres, fue otra historia algunas fueron desnucadas y empaladas, mientras que una niña de tan solo 7 años murió deshidratada por haber sido amarrada a un tubo.
Esta es una de las masacres que por ahora esta sonando mucho y esta volviendo a la memoria colectiva de los colombianos, pero y el resto?? Toca esperar a que otra periodista investigue y saquen manillas o simplemente saber que en nuestra historia hay campesinos muertos por los sanguinarios de los guerrilleros y paramilitares que sin ningún corazón ni justificación acaban con la vida de muchas vidas de civiles inocentes que tal y como dice en la página de verdad abierta “Esa guerra no era de ellos”.
