lunes 6 de julio de 2009

La Orden de captura a Santos: Lo que Ecuador esconde

Por: María Fernanda Rojas

Ante las dificultades que enfrenta Juan Manuel Santos, a causa de los cargos que se le imputan desde Ecuador, por la acción militar de la “Operación Fenix”, surgen interrogantes acerca de las motivaciones ocultas de Ecuador para acusar al exministro de defensa.



En últimos días Juan Manuel Santos ha estado en el ojo del huracán por cuenta del juez ecuatoriano Daniel Méndez, quien dictaminó una orden de captura en su contra aduciendo entre otras razones, la violación de la soberanía del vecino país por parte del entonces Ministro de Defensa, el cual autorizó la incursión militar ejecutada en territorio ecuatoriano denominada Operación Fénix. Este operativo significó también el “asesinato” del ciudadano ecuatoriano Franklin Aisalla, quien estaba presente en el momento que se llevó a cabo el operativo que dio de baja al segundo de las FARC Raúl Reyes.

Estas acusaciones más allá de despertar desconcierto y rechazo en un amplio sector de la sociedad colombiana, ponen de manifiesto una pregunta que aún todavía no tiene respuesta y que suscita la mayor suspicacia: ¿qué estaba haciendo Raúl Reyes en territorio ecuatoriano? Considero que no es fortuita su presencia en dicho país. La “Operación Fénix” se realizó contra un campamento que el grupo guerrillero tenía en este territorio, algo que ciertamente hace pensar que los guerrilleros de las FARC se movían por Ecuador con algún grado de libertad.

De hecho, las declaraciones que en su momento dio Wellington Sandoval, ex Ministro de Defensa ecuatoriano, dejaron claro que para el presidente Correa no era totalmente desconocida la presencia de las FARC en su territorio. “Nosotros sí sabíamos que Reyes se pasaba frecuentemente al Ecuador (…) es probable que haya más ecuatorianos involucrados con las FARC”; más ecuatorianos además de Franklin Aisalla?

En términos estrictamente teóricos, la invasión colombiana a territorio ecuatoriano sí vulneró la soberanía de este último país, ya que se transgredieron los derechos territoriales de Ecuador y por tanto, su potestad de ejercer control y autoridad sobre sus dominios. No obstante, es cuestionable la nula colaboración del Estado ecuatoriano con un tema que se supone de interés común como lo es combatir al terrorismo.

La tesis de legítima defensa que tanto el presidente Uribe como el Ministro Santos arguyeron para justificar su acción, es perfectamente válida. ¿Por qué dejar que un terrorista como Raúl Reyes deambule con total libertad y siga cometiendo crímenes a su antojo, cuando se tiene la oportunidad de detenerlo? Indudablemente, si yo hubiera sido el Ministro de Defensa, hubiera tomado la misma decisión.

En definitiva, más allá de los argumentos que presentan acerca de la violación de la soberanía de su territorio (que son en parte válidos y ciertos), deberían indagar por qué desde el Ministerio y la Presidencia de Colombia se tomó la decisión de bombardear el campamento de Reyes en ECUADOR. La apatía, e incluso podría decirse, la permisividad, del presidente ecuatoriano con los terroristas de las FARC, precipitaron este operativo. Aún más ofensivo que la violación a la soberanía de un país, es la tolerancia excesiva del presidente Correa con terroristas como Raúl Reyes. Es entonces plausible pensar que la acusación que pesa sobre Santos trata de desviar la atención acerca de algunos vacíos y sospechas que recaen sobre las actividades ocultas de las FARC en Ecuador. Por este motivo las denuncias contra el ex Ministro no sólo se considerán como una afrenta contra él, sino contra los colombianos.

Retiro como Ministro de Defensa